Estrategias

Los diferentes enfoques han desarrollado diversas estrategias con el objetivo de alcanzar sus objetivos. Y al igual que pasa con los enfoques, estas estrategias no son excluyentes, sino que se complementan entre sí.

Todas estas estrategias pretenden incorporar a las mujeres a los procesos de desarrollo. La diferencia reside en lo que se prioriza como eje central para lograr esa integración y cómo lo aplican.

Es de reseñar que se trata más de estrategias políticas que de instrumentos técnicos. Las dos primeras han sido ampliamente adaptadas por las instituciones, tanto públicas como privadas, mientras que la última, el empoderamiento, está siendo desarrollada, principalmente, por las asociaciones de mujeres.

 

Equidad de Género


Englobada dentro de lo que se ha llamado el enfoque MED, está muy influida por el movimiento feminista que en los años 70 demandaba "iguales derechos para las mujeres".

Esta estrategia se ha implementado por medio de Políticas y Planes de Igualdad, teniendo como resultado la proliferación de oficinas y departamentos para las mujeres, donde se tratan la problemática de las mujeres de forma separada y aislada.

 

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Transversalidad ó Mainstreaming:


Esta estrategia trata de integrar la perspectiva de género en el conjunto de todas las políticas e instituciones con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.

Aunque no haya un consenso sobre su definición, existe una coincidencia en que el objetivo es el logro de la equidad de género. Lo novedoso de esta estrategia es que introduce la perspectiva de género en los procesos políticos, de una forma transversal, para asegurar que los efectos de las políticas sean neutrales, y no discriminen a las mujeres. Es decir, se trata tanto de una estrategia política como técnica.

Esta estrategia se encontraría a caballo entre la anterior (equidad de género) y la siguiente (Empoderamiento).

 

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Empoderamiento.


Esta estrategia se centra en la generación de poder. No se trata tanto de que las mujeres compartan la posición de poder que está en manos de los hombres sino de transformar la sociedad y las relaciones de desigualdad. Desde esta visión se redefine el concepto de poder entendiéndolo como potenciación de las capacidades de las personas (desarrollo personal y grupal), que puede resultar cuando diversas personas cooperan y contribuyen a un objetivo común.

La estrategia de empoderamiento se basa en potenciar la capacidad de las mujeres para incrementar su propia autoconfianza en la vida y su fortaleza colectiva, para poder influir así en el cambio.

Se basa, entonces, en estrategias participativas y en la creación de espacios donde las mujeres puedan “desempeñar un papel eficaz, tanto de forma individual como colectiva, en los procesos de toma de decisiones que determinan sus sociedades y sus propias vidas”.

Asimismo, también prioriza proyectos de generación de ingresos puesto que entiende que un modo de lograr autonomía y seguridad es el control de recursos materiales por parte de las propias mujeres.

El empoderamiento se asienta en el esfuerzo sistemático y sostenido de las organizaciones de mujeres: la movilización y la acción política directa, la toma de conciencia de género y la educación-capacitación son las cuestiones clave a desarrollar. Sus propuestas tienen un gran potencial de cambio y por ello, han sido menos adaptadas por las instituciones públicas, siendo una estrategia desarrollada eminentemente por las asociaciones de mujeres y ONGs.

Las estrategias de Equidad de Género y Transversalidad se basan en una visión más de “arriba-abajo”, mientras que el Empoderamiento es una estrategia de “abajo-arriba”.

 

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