Género es una construcción social por medio de la cual se define qué es lo "apropiado" para el sexo femenino y masculino[1]. Alrededor de este concepto se ha construido todo un enfoque teórico-metodológico compuesto de conceptos que son imprescindibles para su correcta implementación.
Son siete los elementos esenciales que configuran este enfoque:
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Análisis de Género. |
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El género como categoría analítica “sirve para conocer y evaluar un contexto, una realidad determinada, una experiencia o un proyecto concreto”[2].
Considerar el género como una categoría de análisis nos permite obtener una visión de la realidad más integral y completa, identificando y tomando en cuenta las diferencias existentes en una sociedad a la hora de planificar proyectos. Tiene por objeto:
- Eliminar las condiciones de desigualdad existente en los campos económico, político, social y cultural.
- Satisfacer necesidades específicas de grupos poco representados como el de las mujeres, con el fin de mejorar las condiciones de su vida cotidiana.
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Empoderamiento o autonomía. |
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Se trata de un concepto básico que define la importancia de generar las capacidades necesarias en la población para hacer sostenible su desarrollo.
Insiste en la necesidad de “movilizar recursos y capacidades”[3] de la población, de forma que las personas puedan participar en las decisiones que les afectan diariamente.
El empoderamiento es tanto una estrategia esencial para generar y consolidar procesos de cambio, tanto procesos personales como colectivos, así como un resultado de dichos procesos.
Esta estrategia puede ser desarrollada a tres niveles:
- PERSONAL: reforzando las capacidades personales y la autoestima mediante la formación y la valorización personal y grupal.
- SOCIAL: favoreciendo la participación por medio de redes sociales, reforzando las capacidades del colectivo y la valorización del entorno social. La participación es un aspecto esencial ya que a mayor participación mayor Empoderamiento y protagonismo de las personas y los grupos sociales.
- POLÍTICO: promoviendo el acceso de las mujeres a los procesos de toma de decisiones.
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División sexual/genérica del trabajo. |
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El trabajo de mujeres y hombres tiende a ser diferente en naturaleza y valor. La sociedad asigna diferentes papeles y responsabilidades a mujeres y hombres de acuerdo a lo que se considera apropiado, otorgándoles una valoración social a los mismos.
Tradicionalmente, se ha identificado el papel de las mujeres dentro del ámbito doméstico, desempeñando tareas reproductivas únicamente. Sin embargo, son tres los roles que asumen las mujeres[4]:
- Trabajo reproductivo. Comprende las responsabilidades de la crianza y educación de los/as hijos/as, cuidado de las personas mayores y las tareas domésticas. No es valorado socialmente y no se considera trabajo. Es realizado por las mujeres mayoritariamente en todos las sociedades.
- Trabajo productivo. Son las actividades que generan ingresos para la familia. Comprende el trabajo realizado en el mercado laboral, bien en sectores formales (empleos asalariados, puestos de gestión o profesionales), como informales (trabajo en la explotación o negocio familiar). La mayor parte de los trabajos remunerados están en manos de los varones. Las mujeres se inscriben mayoritariamente en los trabajos no remunerados o precarios.
- Servicios a la comunidad. Comprende las actividades, generalmente de carácter social y voluntario, emprendidas en el ámbito de la comunidad.
Este análisis permitirá por tanto:
- Reconocer el trabajo realizado por todos y cada uno de los miembros de una localidad o región.
- Valorar el trabajo “invisible” realizado por las mujeres.
- Identificar los diferentes tipos de trabajo y sus características (quién las realiza, cómo, cuándo, limitaciones y oportunidades).
- Asegurar la participación de todos los grupos y colectivos en los proyectos.
- Identificar proyectos de intervención que tomen en consideración las diferentes cargas de trabajo en función del sexo y las diferentes necesidades de las personas participantes en los proyectos y dificultades para su participación.
- Atender a las posibles consecuencias de las intervenciones de nuestros proyectos en función del género.
Es necesario recordar que cualquier intervención en uno de los ámbitos (reproductivo, productivo y comunitario) afecta a las otras esferas. Así, la sobrecarga de trabajo de las mujeres puede impedir que participen en los proyectos de desarrollo. El tiempo dedicado a las actividades o a la formación puede significar menor tiempo para otras labores, tales como el cuidado de la familia o las tareas domésticas.
Por ello, tenerlo en cuenta a la hora de planificar actividades dirigidas a mujeres y a hombres es esencial, ya que la hora a la que se fije una reunión, por ejemplo, determinará la participación de las mujeres dado su rol reproductivo.
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Análisis del acceso y control de recursos y beneficios. |
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El trabajo productivo, reproductivo y social requieren el uso de recursos. Ya sean Económicos o productivos, Políticos o de Tiempo.
Sin embargo, estos recursos se distribuyen de forma diferenciada entre los grupos sociales. Así, es preciso distinguir entre[5]:
- ACCESO: significa tener la oportunidad de utilizar determinados recursos para satisfacer necesidades e intereses personales y colectivos. No hace referencia a su participación.
- CONTROL: se refiere a la posibilidad de utilizar los recursos y decidir sobre su gestión.
Las relaciones de poder se encuentran enraizadas en la problemática del acceso y control de los recursos, ya que el grupo que controla los recursos tiene el “poder”. Un cambio en las desiguales relaciones de poder significará una mejora en la posición para negociar, en términos equitativos, con aquellos que controlan los recursos con el objeto de influir equitativamente en el establecimiento de decisiones[6]
Este análisis nos permitirá:
- Tomar en consideración si los programas son accesibles a todas la personas beneficiarias (hombres y mujeres), y si son diferentes entender el porqué.
- Tener en cuenta cómo puede contribuir el proyecto al aumento/disminución del acceso y control de los recursos equitativo del grupo beneficiario.
- Tomar en cuenta la posibilidad de que nuestras intervenciones tengan un carácter diferenciado en función de la diferente problemática de hombres y mujeres respecto al mismo tema.
- Atender al impacto diferencial que pueden recibir mujeres y hombres de nuestras intervenciones y cómo afecta esto al programa o proyecto.
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Posición y Condición. |
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“La planificación de género se basa en el hecho de que los hombres y las mujeres juegan papeles diferentes en la sociedad y por tanto tienen, por lo regular, necesidades diferentes”[7].
Normalmente, se da por tácito un supuesto erróneo: que hombres y mujeres, se enfrentan y abordan los mismos problemas de igual manera, y que tienen las mismas necesidades, intereses y objetivos. Sin embargo, los beneficios de los proyectos con frecuencia son más favorables a los varones adultos.
En consecuencia, al identificar las necesidades de la población durante la planificación es importante desagregar, en base al género, la edad, la clase social, etc., las diferentes necesidades de mujeres, hombres, y demás grupos sociales beneficiarios de la acción.
Los proyectos de desarrollo que pretenden alcanzar el bienestar de las personas deben establecer una distinción entre la condición de vida del colectivo al que se dirige la acción y su posición en la sociedad. Esto nos permite introducir dos nuevos conceptos[8]:
- La CONDICIÓN: se refiere a la esfera inmediata de la experiencia de las mujeres. Esto es, el tipo de trabajo que realizan, y sus necesidades cotidianas (alimentos, salud, vivienda, educación, etc.).
- La POSICIÓN: se refiere al nivel social y económico de las mujeres en relación a los hombres. Se plasma en las disparidades salariales, en la menor oportunidad y precariedad de empleo, en la participación en niveles de toma de decisiones, etc.
Se pone de manifiesto que en una localidad o región, mujeres, hombres, jóvenes, personas mayores, y otros colectivos etc., pueden compartir las mismas condiciones y la misma necesidad de mejoras, (tales como servicios de salud, empleo, infraestructuras, etc). Sin embargo, experimentan estas condiciones y las necesidades que se derivan de ellas de forma diferenciada, priorizando las necesidades de forma desigual.
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Necesidades prácticas y necesidades estratégicas. |
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Las necesidades prácticas están ligadas a la condición de los grupos sociales (mujeres, discapacitados, ancianos, etc), mientras que las necesidades estratégicas surgen de la posición de desventaja que tienen estos grupos en la sociedad[9].
Potenciar el papel de estos grupos para que tengan más oportunidades, mayor acceso a los recursos y a los procesos de toma de decisión formaría parte de los intereses estratégicos de los mismos.
Necesidades Prácticas y Estratégicas:
Se refieren a la condición de vida
- Se refieren a la posición que ocupan en la sociedad
- Tienden a ser inmediatas, urgentes.
- Tienden a ser a largo plazo, procesuales.
- Propias de algunas personas en particular del colectivo.
- Comunes a todo el colectivo. El objetivo es el cambio social y el “empoderamiento” de estos grupos.
- Relacionadas con necesidades diarias: alimentación, alojamientos, ingreso económico, salud.
- Relacionadas con posiciones de desventaja. Subordinación, falta de recursos y de educación, vulnerabilidad ante la pobreza y la violencia, ciudadanía, entre otras.
- Fácilmente identificables.
- La desventaja subyacente y el potencial de cambio no siempre es identificado.
- Pueden ser satisfechas mediante provisión de insumos específicos: alimentos, clínica, etc.
- Pueden encararse mediante: creación de conciencia, aumento de la autoconfianza, educación, fortalecimiento organizacional, movilización política, ciudadanía plena.
Adoptar un enfoque de género no significa abandonar las necesidades prácticas. Su satisfacción es un pre-requisito para el “empoderamiento” de estos grupos sociales. Se deben identificar las necesidades prácticas de mujeres y hombres, de tal manera que se aborden, al mismo tiempo, las necesidades estratégicas de estos colectivos. |
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Participación. |
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La participación es un proceso social por medio del cual los distintos actores de la población en función de los intereses propios intervienen directamente y/o por medio de sus representantes en la marcha de los distintos aspectos de la vida colectiva.
Uno de los objetivos del desarrollo humano y el enfoque de género es promover a los grupos desfavorecidos como agentes de cambio mediante su incorporación a la planificación, gestión, evaluación, y toma de decisiones de programas de desarrollo
El análisis de género potencia la mayor participación de los diversos grupos y colectivos sociales en todas las actividades de desarrollo. A mayor participación mayor empoderamiento y protagonismo de las personas y los grupos sociales.
Existen diversos niveles de participación que implican diferentes estrategias de acción y conllevan resultados distintos, en función del grado de implicación de la población beneficiaria:
“Hablamos de participación que no es simple información ni consultas ni opiniones, sino tomas de decisiones compartidas después de un conocimiento, con tiempo suficiente y mecanismos claros, de los problemas y de las alternativas.... “[10]
- Objetivos de participación e integración social[11]:
- Fomentar la participación desde la propia sociedad.
- Igualdad de oportunidades y respeto a las diferencias de usos por el género, la edad, etc., no limitándose a un hábitat sólo pensado para el varón adulto sano, sino integrando la complejidad social de los grupos que conforman esa sociedad.
- Propiciar un cambio social y cultural, que es fundamental para la mejora y sustentabilidad de las actividades y los objetivos que se persiguen.
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[1] CONSEJERÍA DE AGRICULTURA Y PESCA, EMPRESA PÚBLICA PARA EL DESARROLLO AGRARIO Y PESQUERO DE ANDALUCÍA (D·a·p): “Manual para la introducción de la perspectiva de género y juventud al desarrollo rural”, Consejería de Agricultura y Pesca, Sevilla, 1999.
[2] EMAKUNDE: “Guía metodológica para integrar la perspectiva de género en proyectos y programas de desarrollo”. Emakunde y Secretaría General de Acción Exterior-Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz, 1998.
[3] TITI, Vangile; SINGH, Naresh: “Empowerment for sustainable development: Toward operational strategies”. Zed Books, London, 1995.
[4] CONSEJERÍA DE AGRICULTURA Y PESCA, EMPRESA PÚBLICA PARA EL DESARROLLO AGRARIO Y PESQUERO DE ANDALUCÍA: “Guía de Desarrollo Rural”. CAP-Dap. Sevilla 1999.
[5] EMAKUNDE; “Guía metodológica para integrar la perspectiva de género en proyectos y programas de desarrollo”; op. cit.
[6] PARKER, Rani; et. al.: “Gender relations analysis: A guide for trainers”. Ed. Save The Children, USA, 1995.
[7] MOSER, Caroline: “Las mujeres en la planificación del desarrollo: Necesidades Prácticas y Estratégicas de género”. En: HEGOA, Políticas de cooperación para el desarrollo y participación de las mujeres. HEGOA. Bilbao, Diciembre, 1991.
[8] EMAKUNDE: “Guía metodológica para integrar la perspectiva de género en proyectos y programas de desarrollo”. Op.cit.
[9] Ibid.
[10] VILLASANTE, Tomás R.: “Participación e integración social”, En: MINISTERIO DE OBRAS PÚBLICAS, TRANSPORTES Y MEDIO AMBIENTE, “Ciudades para un futuro más sostenible. Habitat II”.
[11] Basado en VILLASANTE, Tomás R.: “Participación e integración social”, op. cit.
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